Pantanal & Paraguay
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KO


La lumière s'adoucit, il est bientôt six heures Bahia Negra s'ébroue, écrasée de chaleur. Sur le fleuve Paraguay, couvert de jancinthes d'eau Il fait encore quarante, et il a fait plus chaud.

Une garcette s'envole, un toucan passe au loin. Un jacaré se bat en de grands coups de reins Pour tenter de noyer la proie qu'il a saisi Remuant les jacinthes de vagues vites amorties.

A la fraîcheur qui vient, les insectes apparaissent Sortant d'on ne sait où, dès que le soleil baisse: Libellules en cohortes, nuages de moustiques Force coléoptéres et insectes qui piquent.

L'odeur de citronnelle de notre anti-moustique Puissante et entêtante et très aromatique Restera pour toujours gravée dans mon esprit Liée à ces instants de totale magie.

L'eau plate comme un miroir où les palmiers-roniers Narcisses exotiques, paraissent s'admirer N'est troublée par moments que par d'énormes sauts D'on ne sait quels poissons qui jaillissent de l'eau.

La lumière s'assombrit, il est bientot sept heures. Les nuages dans le ciel ont d'étranges couleurs Du rose à l'orangé avec des tons bleu nuit. Le soleil dans le fleuve semble se noyer sans bruit.

Le soleil s'est couché, désormais il fait nuit. La jungle se réveille, dont on entend les bruits Qui troublent le sommeil des novices que nous sommes Dans cette vie sauvage qui n'a que faire des hommes.

Ces instants merveilleux que j'ai vécu ici M'ont poussé à venir vivre dans ce pays Et j'aimerais qu'un jour, ceux que j'aime puissent voir Une telle beauté, qu'on n'ose pas y croire.
VA Vavoncricri ·
BONJOUR ! partant au paraguay au mois de septembre, votre description poetique du pantanal m'a donne envie de venir le decouvrir . amicalement .
LE Lepiaf Globetrotter ·
J'avais raté ce poème qui date de 2005. Excellent, avec en bonus une présentation des plus agréables.
FA Fan2kosova ·
Mba'éichapa!

Pour ceux qui comprennent l'espagnol, voici une petite réflexion sur mon expérience au Paraguay...

J'essaierai de publier la traduction quand j'aurai un moment.

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Ivai ko la che sitú… lo cual podría traducirse por: estoy en un aprieto, o literalmente, mi situación está mal.

Esta es la frase que más se escucha en las canciones en jopará del folklore paraguayo. Y es que nosotros en Paraguay sabemos reírnos de “la sitú vai” como decimos. Tenemos una capacidad alucinante para despegarnos de la realidad, y al verla bajo un ángulo distinto, nos suele hacer mucha gracia. Nos puede pasar de todo, nunca se nos quita el buen humor, porque sabemos que en el fondo esta vida no se tiene que tomar tan en serio, pues de todas formas, de ahí no sale nadie vivo.

Tal vez se nos pueda achacar que por culpa de esta forma de concebir la vida, tampoco hacemos nada para mejorar nuestra situación, que por eso transformamos en lema nacional el: “Así nomás ya” y el “Ya da ya” que nos alientan a no hacer esfuerzos sobrehumanos cuando de trabajo se trata. Cuando recién llegué a Paraguay me costó muchísimo hacerme con esta forma de ver las cosas, que me parecía por así decirlo bastante absurda ya que según mi opinión, impedía el desarrollo. Pero con el paso del tiempo, fui intentando sacar lo bueno de ello y me di cuenta de que es sencillamente otra manera de plantearse la vida, que no es ni mejor ni peor.

Es simplemente diferente.

Tal vez la clave de la integración esté en admitir, sin juzgar, que se puede vivir de otra forma que la que siempre hemos adoptado, sin que sea mejor o peor, sino diferente. Porque nosotros no vamos siempre a por más, porque sabemos ser felices con lo que tenemos aunque la verdad es que no tenemos casi nada. Después de mucho tiempo me percaté de que esto, más bien que una traba al desarrollo –a pesar de que en ciertos aspectos sí lo es- es una riqueza, porque lo que verdaderamente importa en la vida no es la materialidad de las cosas.

Esta es la gran diferencia -el abismo- que hay entre el Tercer Mundo y los países desarrollados, lo que hace que tal vez quedemos estancados en la pobreza pero al mismo tiempo, lo que nos devuelve la libertad fundamental del ser humano que es capaz de vivir en armonía con la naturaleza, sin librarle una lucha que acabará inevitablemente con la desaparición del uno o del otro.

El día que se muera el último indígena habremos perdido lo único que todavía nos hacía humanos, lo único que aún nos unía con esta tierra dentro de la cual volveremos todos al final.

Envueltos en este mundo artificial de materialidad, tendemos a olvidar que esta tierra que tanto maltratamos será la que acogerá nuestro descanso eterno a la hora de irnos, y que ni el dinero ni el poder podrán evitarlo.
Ambyasy, jasy. Ysoindy ojepokapáva okúi. Ñande yvy jeko ijaku'ipáta Opáta ha nde imemby, máva jyváreiko rejeréta?

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